El balón salió de la bota de Aurélien Tchouaméni, un derechazo desde muy lejos que se fue muy por encima del larguero, y se estrelló contra la cara del pequeño aficionado del Racing, en plena segunda parte del partido ante el Real Madrid. Las cámaras captaron a Máximo llorando en brazos de su padre mientras el estadio contenía el aliento.
Pero la historia no se quedó en el susto. Terminado el partido, Tchouaméni fue a buscar al niño y a su padre, le regaló una camiseta y se la firmó. Mbappé también quiso saludarlo y bromeó con él: "La culpa es de Tchouaméni, que no sabe chutar".
Su padre, que es del Madrid pero esa tarde animaba al Racing por ser de la tierra, lo resumió así: Máximo está bien, solo fue un susto, y el detalle de los jugadores se agradece.
Máximo no esperaba que su domingo en El Sardinero terminara así.
Publicado el 02 de noviembre de 2026 | Categoría: Deportes